Made in China 2025

El Plan Made in China 2025 es la nueva estrategia que el gobierno chino se ha propuesto seguir para impulsar y reestructurar toda su industria.

Hong Kong
Artículo original: mayo del 2019

Como muchos sabemos es de cultura general que en China hay muchas empresas que copian grandes productos, pero también que China es el mayor distribuidor y fabricante que existe gracias al bajo coste de producción de fabricas como Foxconn o TSMC.

En los últimos años con el auge de los smartphones se popularizó bastante la fabricación de móviles desde fabricantes chinos por su bajo coste motivo por el cual el sector ha crecido tan deprisa. Tenemos tantos móviles con modelos nuevos casi cada día, y fabricantes asiáticos como Xiaomi acaparando mucho mercado. En realidad todo son efectos retroactivos en los que el bajo coste ha favorecido a los proveedores permitiéndoles fabricar mayor volumen, y las altas ventas a los fabricantes permitiéndoles tener más proveedores.

Pero China ha dicho basta, quieren ser un país modelo y a la vanguardia, y por eso han presentado el programa «Made in China 2025».

Made in China 2025

Calidad frente a cantidad

Este plan viene ni más ni menos que por el dogmaen parte de las condiciones laborales que sufren los trabajadores en muchas de estas megafactorias. Sueldos bajos, jornadas eternas y condiciones desfavorables, todo por una mano de obra barata que le permite enriquecerse al gobierno, los bancos y las grandes corporaciones a costa de los más desfavorecidos.

Pero primero, veamos qué dice el ICEX Expaña sobre Made in China 2025:

El Plan Made in China 2025 es la nueva estrategia que el gobierno chino se ha propuesto seguir para impulsar y reestructurar su industria, de manera que se pase de una era de cantidad a una nueva era de calidad y eficiencia en la producción. Con este plan, China pretende ser líder en tecnología a escala internacional, por delante de potencias como Alemania, Estados Unidos o Japón.

Fuente: ICEX España

Con esto, deducimos que la intención de China es erradicar esa mano de obra barata a favor de la innovación. Pero, ¿por qué ese interés tan repentino? Es muy sencillo; quieren ser potencia mundial en innovación para el año 2045.

China pretende convertirse en una potencia tecnológica impulsando la reestructuración y el desarrollo de su sector industrial. Quieren impulsar su base industrial tanto en materias primas, componentes, procesos y tecnología, mediante la investigación y el desarrollo, la automatización y tecnologías inteligentes.

Son 10 los sectores que quieren penetrar con su programa, entre ellos el de nuevas tecnologías, inteligencia artificial, equipamiento espacial y medicina.

Imagen vía HQ Magazine

Para ello crearán 40 centros de ciencia y hubs de innovación tecnológica, de los cuales 15 ya estarán operativos a partir del año que viene.

En los últimos años ya se han visto pequeños resquicios de este plan maestro, por ejemplo, en la nueva era de exploración espacial china. Ya han mandado sondas a la cara oculta de la Luna, están realizando más lanzamientos que el resto de grandes agencias, e incluso se proponen ser los próximos en mandar una misión tripulada a la Luna, adelantándose así a los planes de la NASA.

Una guerra contra Donald Trump

Las tensiones entre EEUU y China son evidentes, se trata de una carrera por ser la potencia mundial en tecnología e innovación. EEUU en su día ya fue potencia mundial económica gracias a la venta de armas y el petróleo, China por su parte gracias a la fabricación y exportación de casi todos los productos que se comercializan en todo el mundo, a bajo coste.

Desde que Donald Trump tomó la presidencia de EEUU fue claro en sus intenciones de frenar el crecimiento de China mediante aranceles a los productos importados, bajo la excusa del déficit comercial. La realidad no es otra que EEUU no se puede permitir que China se convierta en una potencia tecnológica, de lo contrario China podría desarrollar y fabricar nuevas tecnologías a bajo coste gracias a su modelo político, algo que en países occidentales no es fácil sin salirse del marco legal.

Consecuencia de ello Trump declaraba en 2018 que subirían los aranceles a productos importados del 10% al 25%.

Donald Trump sonriendo

Pero esta guerra política entre ambos países dejan daños colaterales por el camino, los casos más sonados; Tesla y Bill Gates.

En el caso de Tesla, de los componentes eléctricos de sus coches, dos se fabrican en China, siendo uno de ellos la unidad de control de Autopilot 3.0, el «cerebro» de sus coches que se usa actualmente en los Model 3, Model S y Model X.

En julio de 2018 Tesla solicitó la exención de estos aranceles debido a que provocarían un daño económico en la compañía. La solicitud se les fue denegada porque esos componentes están vinculados al programa Made in China 2025.

Dos años después, Tesla y China han iniciado una estrecha colaboración en la que el gobierno chino le otorga una posición bastante privilegiada al fabricante de coches; con la ayuda de bancos chinos, Elon Musk ha abierto una gigafactoria en el país del gigante asiático. Gracias a esto Tesla podrá aumentar su producción de forma considerable, pero aún más importante, impulsar el coche eléctrico en el país con la segunda población más grande que existe, y uno de los que más contaminación sufre.

Elon Musk junto a un Tesla

Bill Gates, por su parte, tenía en marcha un proyecto para usar energía nuclear con tecnologías avanzadas y seguras para dar con una solución eficiente de energía con la que acabar con el cambio climático. La empresa se llama TerraPower, y se trata de uno de los proyectos más ambiciosos en los que ha trabajado Gates.

Tras confirmar que el reactor que diseñaron funciona y era eficaz, solo quedaba saber dónde materializarlo. China, al ser un país que construye rápido y tiene bajos precios, era el sitio idóneo. En 2015 Bill Gates y el presidente Xi Ping cerraron un acuerdo para hacer realidad este proyecto, un proyecto que precisamente beneficiaría mucho al país asiático en su plan tecnológico.

Pero la guerra comercial iniciada por Trump obligó a que todos los acuerdos bilaterales entre ambos países se suspendieran, entre ellos, el acuerdo entre TerraPower y el gobierno chino, que acabó por cancelarse de manera definitiva.

Imagen: Pixabay
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