El egoísmo en nuestra genética

¿El ser humano es egoísta por naturaleza? ¿O podría haber un factor genético detrás que explicase nuestro comportamiento?

Genética
Publicado por: Adrián Ruiz

Gracias a los avances en lo que se conoce como «Ómica», el neologismo que en biología molecular se utiliza para referirse al estudio de los genes, los organismos de un ecosistema, las proteínas, e incluso la relación entre todos ellos, es posible elaborar investigaciones con el propósito de encontrar supuestos genes asociados con características particulares del ser humano de cualquier índole, desde aspectos físicos como la obesidad, hasta psicológicos como una personalidad agresiva. Incluso gustos personales, como una predisposición a un tipo de música que otro.

En ocasiones hay genes para todo, en otras ocasiones no. Pero una de las características cuya base genética se investiga mediante esta clase de recursos es el egoísmo, la cooperación y el altruismo.

Los insectos eusociales

Tal como ocurre con la mayoría de características de cualquier ser vivo, el egoísmo puede tener dos catalizadores; uno con base genética y otro ambiental.

Para realizar una investigación de la genética detrás de esta clase de comportamientos se comienza con un grupo de organismos, los insectos eusociales, como las hormigas, abejas o termitas. Entre estos insectos existen especies y grupos que han sido emparentados durante su evolución, unos con un comportamiento «altruista» y otros «egoísta».

Eusocialidad
La eusocialidad es el nivel más alto de organización social que se da en ciertos animales. Imagen: Salida de un enjambre de hormigas saliendo de su colonia. Wikipedia

El primer grupo tiende a cuidar de sus congéneres llegando incluso a dar su vida por ellos, y tampoco se reproducen; solo «puede» hacerlo la reina. El segundo grupo, evidentemente, es todo lo contrario. Aún así, dentro de estos organismos hay subgrupos o especies que no presentan ninguno de estos comportamientos sociales.

Mediante estudios que comparan los genomas, los transcriptomas y los proteomas, un conjunto de genes, moléculas, proteínas, se está empezando a identificar los genes que intervienen en esta clase de comportamientos sociales. Concretamente, se ha podido observar que los genes cambian en secuencia o regulación en función del tipo de comportamiento, son aquellos que intervienen en aspectos como el olor, la inmunología, las feromonas y aspectos relacionados con la actividad cerebral.

Sin embargo, en ninguno de estos casos existen unos genes especiales que se diferencien del resto, solo una variación de los genes ya existentes en los grupos que no presentan esa clase de comportamientos.

El ser humano y el egoísmo

En la especie humana es más complicado llevar esa clase de estudios, ya que no existen grupos establecidos y divididos entre cooperativos y no. Aún así, se trata de investigar en medida de lo posible la posible influencia de una serie de genes específicos que modulan la síntesis de neuropéptidos, unas hormonas que se expresan especialmente en el cerebro, cómo actúan estos relacionados con los comportamientos de cooperación y egoísmo.

En concreto, se ha podido comprobar que la oxitocina presenta algunas variaciones de un solo nucleótido dentro del gen que controla nuestra síntesis en las células, y estas variaciones de nucleótidos determinan cambios en el nivel de oxitocina. ¿Qué significa esto? Que esa variación nucloetídica puede tener relación con un mayor (o menor) comportamiento de cooperación.

Algunas personas con ciertos nucleótidos en el gen receptor presentan una cantidad menor de oxitocina en sus células y por ello pueden presentar una predisposición a un comportamiento más altruista, mientras que por lo contrario, con diferentes nucleótidos, mayor cantidad de oxitocina, y por lo tanto un comportamiento más egoísta.

Existen otras variaciones de nucleótidos en genes receptores, como la vasopresina o la dopamina, o en la enzima monoamino oxidasa, se han tratado de asociar también con los comportamientos egoístas.

Pero todos estos estudios presentan un problema, y es que no es fácil medir estos comportamientos sociales (y sobretodo asociarlos) de forma precisa y directa. Por esa misma razón se recurren a medidas indirectas, como la orientación espacial (se cree que guarda correlación con el altruismo), o nuestra capacidad para resolver videojuegos.

Lo que sí parece cierto y se logra sacar en claro es que en nuestra especie existe de forma natural estas tendencias sociales, aunque desconozcamos por completo la existencia del conjunto de genes detrás que definen nuestro comportamiento. Pero es importante tener en cuenta que la complejidad de nuestro comportamiento pueden deberse a muchos factores más allá de los genéticos, como ciertas circunstancias socioculturales, nuestro entorno social e incluso la educación que hayamos recibido.

Imagen: Pixabay
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