El año en el que el mundo pasó del 4 al 15 de octubre de un plumazo

Si tu cumpleaños caía entre el 5 y el 14 te librabas de felicitaciones incómodas.

Asesinato Julio César

¿Te imaginas que se acerque tu cumpleaños y te quedes sin poder celebrarlo porque ese año occidente decidió cargarse 9 días del calendario? Pues probablemente es lo que le pasaría a muchos nacidos entre el 5 y el 14 de octubre en el siglo XVI.

En 1582 el mundo occidental utilizaba un calendario juliano, que instauró el mísmisimo Julio César en el año 46 a.C. Dicho sistema calculaba que un año terrestre tenía una duración de 365 días y seis horas, que se dividían en 12 meses, incluyendo un día extra cada cuatro años. Nada raro hasta aquí, igual que ahora, con un año bisiesto cada cuatro años.

La cuestión es aquel calendario era más largo de lo que debía ser.

César frente a la astronomía

365 días, cinco horas, 48 minutos y 45 segundos es lo que tarda la Tierra en completar su órbita alrededor del Sol. En cambio el año juliano duraba aproximadamente 11 minutos y 14 segundos de más según la Enciclopedia Británica. Dice mucho de las buenas mediciones que tenía el ser humano por entonces para calcular la órbita terrestre con una aproximación casi perfecta.

¿El problema? Que al llegar el siglo XVI había un desfase de 10 días entre las fechas y las cuatro estaciones, mientras que las fiestas religiosas como la Pascua cada vez se celebraban más temprano.

Reproducción del Calendario de Anzio (Fasti Antiates) del 84-55 a. C, anterior a la reforma de Julio César. Fuente: Wikipedia

Llegados a 1572, el nuevo papa Gregorio XIII decidió tomar cartas al asunto y resolver el problema; le encargó al astrónomo jesuita alemán Christopher Clavius la misión de diseñar un nuevo calendario.

Clavius se basó en las recomendaciones del también astrónomo Luigi Lilio (Aloysius Lilius) para elaborar el calendario gregoriano. Este calendario cambió la regla de los años bisiestos manteniéndose cada cuatro años, pero con la excepción de que los años múltiplos de 100 no serían bisiestos, mientras que los que fueran divisibles por 400, como 1600, 2000 o 2400, sí lo serían.

Con esto se arreglaría con mayor precisión el error del calendario juliano, reduciéndolo a apenas un desfase de tan solo medio minuto por año. En otras palabras, 1 día cada tres mil trescientos años.

Definido el nuevo calendario, el 24 de febrero de 1582 el papa Gregorio XIII emitió una nueva orden para organizar el año a partir del equinoccio de primavera que sirviera como referencia en adelante. Por ejemplo, el equinoccio debía caer el 21 de marzo y no el 11 de marzo, que era hasta donde había retrocedido por culpa del desfase.

Con esa misiva se lograría corregir ese año, pero para corregirlo en los siguientes años se decidió que llegado el jueves 4 de octubre se pasaría después al viernes 15 de octubre. Los días del 5 al 14 no existieron en 1582.

La Revolución de Octubre

El cambio de calendario permitió corregir el desfase de la Tierra y el Sol, pero también trajo otras consecuencias. Por ejemplo, la mística española Santa Teresa de Jesús que murió el 4 de octubre, fue enterrada al día siguiente, el 15 de octubre.

Los territorios de España, Italia y Portugal fueron los primeros en adoptar el cambio, después le siguieron zonas influenciadas por la Iglesia católica, y más adelante otros países de occidente, como Inglaterra en 1752, Suecia en 1753 y Grecia en 1923. Japón y China también harían lo mismo, en 1873 y 1912 respectivamente.

Revolución de Octubre

Por contraparte Rusia no decidió adoptar el calendario gregoriano hasta que Lenin asumiera el poder, allá por 1918. Por esta misma razón la Revolución de Octubre que tuvo lugar el 25 de octubre del 1917 hoy en día se conmemora el 7 de noviembre en Rusia.

Imagen: Pixabay
Fuente: BBC
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