Tigertail, una película que trasciende a generaciones

Desde 1950 hasta la actualidad.

Tigertail

Llevo tiempo esperando la ocasión para ver una película que ha estado sacudiendo varios festivales, titulada ‘Minari’, una película coreano-americana sobre la infancia de un niño de 7 años en plenos años 80, con sueños de alcanzar América. Me olvidé de aquella película hace tiempo.

Hasta hace poco, que revisando entre el nuevo catálogo de Netflix vi un curioso póster, un llamativo nombre, y una sinopsis extrañamente familiar. Sí, me refiero a ‘Tigertail‘. Por un instante me ilusioné al creer que ‘Tigertail’ era aquella película de la que ya no me acordaba y que arrasó en varios festivales, para después llevarme la decepción al ver la confusión y que probablemente sería otra película más de Netflix.

Pero me dio por mirar un poco más sobre aquella película. Bien, veo que la protagoniza Tzi Ma, un reconocido actor chino, no está mal. ¿Y qué más? Oh, veo también que es el primer filme de Alan Yang, productor y escritor de Parks and Recreation, y co-creador de Master of None.

Ya tiene toda mi atención.

Un filme que retrata la inmigración

Los primeros compases de ‘Tigertail’, aunque pueden antojarse confusos para el espectador no tardarán en reflejarnos las intenciones del filme; qué quiere contarnos y qué vamos a encontrarnos durante el resto de la película.

‘Tigertail’ es en pocas palabras una película que aborda la vida de una familia taiwanesa desde un prisma generacional, trasladándonos a diferentes épocas de la misma para entender mejor una historia que abarca varias generaciones.

No es sencillamente un filme divido en líneas temporales, si no que intercala de manera fluida y muy esclarecedora las distintas etapas por las que pasan nuestros protagonistas, ayudándonos a comprender mejor y sobretodo empatizar con la complicaciones que enfrentaban nuestros antepasados cuando emigraban a otro país.

Pero tampoco es en sí una historia solo de inmigración. Nos habla también de amor, de paternidad, de la pérdida, de hipocresía, de la soledad… Se trata de un filme cargado de tantas emociones y con tal crudeza, que nos muestra el lado más humano y real de las personas. Nada es perfecto en ‘Tigertail’, y precisamente eso es lo que hace que su historia sea perfecta.

Intimidad visual

A destacar uno de los aspectos más potentes del filme; su magnífica fotografía. Para este trabajo el director ha contado con Nigel Bluck, reputado director de fotografía que entre sus trabajos podemos encontrarnos ‘True Detective‘.

El aspecto visual de la película se ha tratado con tal delicadeza, que no duda en detenerse en los pequeños detalle pero sin llegar a ser soporífera.

Este exquisito trabajo se puede apreciar fácilmente en detalles como un granulado a 16mm para ambientaciones en los ’70, o en unos encuadres que rozan la perfección logrando plasmar emociones externas. Y es que precisamente el filme cierra con un plano que se quedará grabado en nuestra retina por un buen tiempo.

La catarsis personal de Alan Yang

Cuando Alan Yang comenzó a divagar en la idea de ‘Tigertail’ se encontraba trabajando con Aziz Ansari en ‘Master of None’. Dicha serie tiene un capítulo, ‘Parents‘, que aborda temas idénticos a los de la ‘Tigertail’ con una perspectiva más cómica. Hay cierta similitud entre estos dos trabajos.

Para ‘Tigertail’ el director se ha inspirado en sus vivencias personales de pequeño, como niño americano-taiwanés que era. Pero, especialmente, ‘Tigertail’ es un homenaje a su padre, una manera ficticia de cómo Yang se imagina el transcurso de sus padres en suelo americano.

Con esta película Yang busca recuperar esa conexión perdida con su cultura, con esa parte que él mismo abandonó de pequeño al convertirse en otro chico americano más.

Y es que en cierta manera, ‘Tigertail’ es una película que va sobre la identidad de las personas.

Ver en Netflix: Tigertail
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