Analizando Devs y su veracidad científica como posible realidad teórica

Analizamos la tecnología detrás de Devs y su posible realidad desde un punto de vista teórico.

Devs

Nota: Este artículo contiene spoilers de la serie ‘Devs’.

Si en los últimos meses has visto ‘Devs’, una de las series estrella del año y de las mejores sorpresas de HBO, entenderás que es mucho más que una serie sobre (y para) programadores y gente del mundillo de las tecnologías. ‘Devs’ se postula como una buena distopía, un thriller oscuro con una trama agría y amarga, conspiraciones y desenlaces inesperados.

Detrás de esta serie se encuentra Alex Garland, quien ya coqueteó en el pasado con buenas dosis de ciencia ficción en ‘Ex Machina’ y ‘Aniquilation’. Cedió ante las peticiones de HBO de realizar una miniserie bajo dos únicos requisitos; que él dirigiera todos los episodios y que no metieran las narices en su guión.

Garland ha demostrado de sobras y con creces saber lo que hace, entiende de tecnología, entiende de ficción, entiende de filosofía y comprende al ser humano. En ‘Devs’, con permiso de ‘Ex Machina’, el director se ha coronado con lo que podría ser no tal vez su mejor obra, pero sí su mejor historia.

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Y lo cierto es que en ‘Devs’ hay mucha paja mental y «deus ex machina» bien grandes, pero una paja mental increíblemente brillante y tal vez no muy descabellada; la posibilidad de ver el pasado con plena franqueza. Y en este artículo vamos a repasar la teoría de Garland trás esa idea.

¿Es posible ver el pasado?

La premisa principal y que rodea toda la narrativa de ‘Devs’ se sostiene bajo un simple concepto, la de ver el pasado. Pero antes de entrar en propósitos detrás, implicaciones que tiene, y otros aspectos importantes de la serie aparte del conocimiento histórico, ahondemos en la tecnología en la que se basa esta tentadora idea.

Explicado en uno de los últimos capítulos con bastante sutileza, todo lo que ocurre en el universo viene precedido por eventos anteriores que lo rodean. Si colocáramos un lápiz en posición vertical sobre una mesa y con un dedo lo empujamos, el lápiz rodará hasta cierta posición influido por una serie de aspectos; su forma, su peso, la firmeza de la mesa, los materiales de los que están compuestos, el aire a su alrededor, la fuerza con la que lo empujamos… Incluso una simple y diminuta mota de polvo en su trayectoria puede influir en el estado del lápiz, aunque sea en menor medida.

Pudiendo medir todos estos aspectos mediante algoritmo y complejas operaciones matemáticas sería posible adivinar hasta qué posición rodará el lápiz. Sería algo así como una simulación real que imitaría hasta la composición del aire para no dar lugar al más mínimo error de cálculo. En otras palabras, hablamos de predecir el futuro.

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Pero, ¿y qué pasa con nosotros? Al fin y al cabo somos quien decidimos empujar el lápiz y ejerciendo una fuerza específica sobre él. Lejos de entrar a debatir sobre el libre albedrío, lo cierto es que la tesis de Garland no es del todo descabellada; nuestra forma de ser está definida por una serie de características bastante dispares, que van desde lo social hasta lo político, como lo demográfico y la genética.

Para la tecnología de ‘Devs’ esto no parece ser un problema. No es que sea capaz de adivinar tu personalidad y a partir de ahí deducir qué vas a hacer sosteniéndose en una corazonada, si no que analiza todo lo que te rodea (y te ha rodeado) a todos los niveles a lo largo de tu vida, y a partir de ahí sería capaz de predecir tus acciones. En otras palabras, lo que sea que te ha llevado a empujar ese lápiz, por extraño que suene, pudiera tener un origen mucho tiempo atrás y en todos esos años ha estado consumándose hasta que finalmente ocurriera. Y ya luego el algoritmo solo tendría que calcular hasta dónde irá a parar el lápiz con el resto de matrices.

En esencia no deja de ser una filosofía de determinismo imperativo, que básicamente viene a decir que todo acontecimiento físico, incluyendo nuestros pensamientos y acciones, está determinado por una irrompible cadena causa-consecuencia, y por lo tanto el estado actual determinará siempre el futuro.

Aunque el ejemplo no deja de ser vago y dejándome cosas en el tintero, la base es sencillamente esa, predecir en base a una serie de parámetros que también han sido precedidos, y así ad infinitum. Pero en ‘Devs’ el concepto es lógicamente algo más complejo, la tecnología que emplea la serie se basa en machine learning, big data a lo bestia y una capacidad de procesamiento hoy en día inexistente. Con ingeniería inversa en lugar de anticipar el futuro en base a un estado actual, debería ser posible adivinar el pasado en base a qué ha llevado a ese estado. O partiendo del Big Ban y de ahí en adelante adivinar el resto.

Con esto se dan situaciones interesantes como la posibilidad de ver al mismísimo Jesús en su crucifixión (y ya de paso confirmar su existencia), y adivinar tu futuro con toda la tranquilidad de que ocurrirá hagas lo que hagas, porque el hecho de que lo contemplases viene establecido por el propio determinismo.

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Los multiversos y las simulaciones

Detrás de esta atractiva tecnología hay dos frentes opuestos; el determinismo de Broglie–Bohm y los multiversos de Everett. La teoría de Bohm sostiene que nuestro universo es determinista y por lo tanto computable, mientras que Everett se decantaba por la existencia de multiversos infinitos. El proyecto Devs tenía un enfoque determinista pero tras un ajuste basándose en la teoría de Everett parece que la tecnología gana en calidad y precisión, pero con imprecisión a la hora de apuntar al universo correcto.

Dicha imprecisión podía tener un margen de error ya fuera de un 0,1% como de un 99,9%. Aún así por la propia naturaleza de la tecnología era posible encontrar un universo parecido al nuestro. Pero viéramos los acontecimientos que viéramos estaríamos viendo a través del prisma de otro mundo y no del nuestro propio, no estaríamos viendo a nuestro Jesús, si no al de otro mundo.

El punto interesante de esta tecnología no es la tecnología en sí si no su aplicación, la capacidad de crear una simulación real ya sea de nuestro universo como de una variable del mismo. Esto confirmaría una tesis interesante y bastante respaldada por Elon Musk; si somos capaces de simular la realidad por lo tanto en esa realidad simulada puede haber otras simulaciones, y así hasta el infinito. Entonces nuestra realidad podría ser también una simulación. Inquietante, ¿verdad?

Aunque estamos ante una serie de ciencia ficción, entre tú y yo, la idea tras todo esto no es del todo descabellada. Cualquiera que entienda como funciona la tecnología y cómo se procesan datos sabrá ver que el concepto es en sí bastante original, y lo cierto es que se agradece que Gardland le de un contexto a la tecnología detrás en lugar de simplemente ponerla ahí funcionando «porque sí».

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La idea de una tecnología capaz de procesar una cantidad de datos casi infinita de toda clase de elementos y su naturaleza, composición y comportamiento es básicamente el sueño más húmedo de cualquier programador. Y una vez se tuviera una tecnología así, con un conocimiento y un uso adecuados simular la realidad y a partir de ahí predecir el futuro no suena tan loco. Por supuesto es una locura e imposible de imaginar hoy en día, pero teóricamente posible.

Los videojuegos son el mejor ejemplo de cómo ha avanzado la tecnología en apenas 30 años con un hiperrealismo cada vez más evidente. Ya se está empezando a hacer uso de inteligencia artificial y aprendizaje para dotar a los personajes no jugables de un comportamiento casi humano, y de motores avanzados que en lugar de imitar el comportamiento de una cuerda, imitan el comportamiento de su física para que el resto lo haga solo.

En resumidas cuentas, Garland es un maldito maestro.

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